Declarado paisaje protegido desde 1992, en este territorio estepario se halla el yacimiento del Cabezo del Plomo (siglos IV-III a. C.), la fundición romana de Cala Leño, las canteras de yeso y Coto Fortuna, explotación minera para la extracción de hierro de la que se conservan algunas construcciones abandonadas.
Lo que distingue a este escenario sediento y pelado -entre Mazarrón y Águilas se dan los mínimos pluviométricos de la Península Ibérica- es el contraste entre la aridez de la sierra y el intenso azul de las aguas, las albaidas que en primavera pintan la sierra de amarillo, algunas palmeras polvorientas y la presencia de garzas, patos, perdices, rapaces esteparias, zorros, conejos y liebres.
La causa de su desnudez, si exceptuamos los rodales de pino mediterráneo que verdean el barranco de Los Algezares es debido a que en el siglo XVI talaron todo el arbolado para los hornos de calcinación del alumbre, al extremo de que la ciudad Lorca demandó a los marqueses de Villena y de los Vélez que, finalmente, ganaron el pleito aduciendo que habían clareado los montes «para detectar a los piratas que recalaban en la cueva de los Lobos y se refugiaban en la sierra». Excusas de mal pagador, aunque siempre había un vigilante en la línea del horizonte que hacía ahumadas para avisar al castillo de Mazarrón y a la torre de Bolnuevo.
La sierra alcanza las cotas más altas en Los Cucos (594 metros), Morro Blanco (431) y el cabezo de Montejú (397). Tiene 1.960 hectáreas de superficie y una vegetación adaptada al clima seco donde crece el cornical, el palmito, el esparto, el tomillo, el romero y la boja.
Las playas que están al resguardo de la sierra carecen de grandes servicios y se prestan a la práctica del nudismo. La soledad de estos parajes vírgenes -a los que se accede por caminos de tierra y ramblizos-, la sonoridad del mar y la caricia de una brisa que huele a algas aconsejan su visita. Cueva de los Lobos (donde atracó el pirata Mamí), Piedra Mala, playa Amarilla, playa de la Grúa y Cala Leño ofrecen abrigo en sus aguas limpias.
Al Oeste, en torno a la Cañada de Gallego, se suceden las playas de las Covaticas, las Chapas, el Ballenato y la evocadora Percheles, una de las más bellas del litoral murciano. Bordeada de palmeras, debe su nombre a un aparejo de pesca que consta de uno o varios palos para colgar las redes, si bien otros atribuyen su significado a su condición de barrio de pescadores. Abrigada por dos promontorios de lascas minerales, tiene unos 80 metros de longitud y 60 de anchura, y desde allí se contemplan, en el horizonte, los acantilados de Cabo Tiñoso y Cabo Cope, en Águilas. El recorrido no tiene dificultad alguna, sólo tenéis que seguir la línea de costa disfrutando del sendero GR 92. Nosotros a penas nos separamos de ella, pues las sendas son muy claras. No obstante, si queréis seguir el camino de tierra, sólo os separareis de la costa unos pocos metros en algún que otro punto.
Tras unos 13-14 km ruta y algo más de tres horas, habíamos finalizado nuestra marcha. Mi compañero Pablo quería más, pero ya era hora de comer y nos esperaban unos buenos aperitivos. Podéis comer en los dos restaurantes que hay en la orilla de la playa de Puntas de Calnegre; arroces, pulpo...
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2 comentarios:
hola gilberto. Soy raquel, te mandé un mail. Un saludo
preciosa ruta! tomo tu blog de referencia para retomar el senderismo en otoño (ahora con la caló da pereza), tienes cosas muy interesantes!
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